Analizamos por qué los grandes coleccionistas y fondos de inversión están trasladando sus obras maestras a búnkeres logísticos de ultra-seguridad con beneficios fiscales.
El mercado del arte contemporáneo ha dejado de ser meramente estético para convertirse en un activo financiero de primer orden. Esta transformación ha disparado la demanda de los denominados «Puertos Libres» en ciudades como Ginebra, Luxemburgo o Singapur. Estos espacios no son simples almacenes; son búnkeres tecnológicos donde la logística de precisión es la protagonista. En estos centros, las obras se mantienen en un estado de «tránsito permanente», lo que requiere una gestión documental impecable para cumplir con las normativas internacionales. La clave del éxito en estos traslados reside en el control absoluto de la cadena de custodia y en sistemas de climatización redundantes que garantizan una temperatura constante de 21°C y una humedad relativa del 50%, parámetros innegociables para la conservación de lienzos y maderas nobles a largo plazo.


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